Impacto consciente
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24/03/2026
Enrique Moltó, experto en clima y profesor en la Universidad de Alicante, analiza cómo el cambio climático redefine destinos turísticos y el papel transformador de la hostelería.
Líderes del cambio
Carlos Madrid
Enrique Moltó es doctor en Geografía, profesor en la Universidad de Alicante e investigador especializado en climatología, desarrollo rural y planificación turística. Desde hace años analiza cómo el cambio climático está transformando el territorio y, con él, el modelo turístico español. Tras el reconocimiento que Hostelería #PorElClima ha obtenido a la Innovación Turística por parte del Instituto Universitario de Investigaciones Turísticas (IUIT) de la Universidad de Alicante, conversamos con Moltó sobre la vulnerabilidad climática de los destinos españoles, el papel estratégico de la hostelería en la mitigación y adaptación, así como la importancia de medir y comunicar el impacto ambiental.
El cambio climático está afectando a los destinos turísticos desde dos perspectivas: una territorial y otra estacional. La primera la podemos ver, por ejemplo, cuando en algunos lugares, sobre todo de la zona del Mediterráneo y del sur de España, se disparan las temperaturas y se pierde el confort. Algo que puede provocar que los turistas prefieran ir a destinos más suaves, como los del norte de España. En cuanto a cuestiones de estacionalidad, lo que está ocurriendo es casi lo inverso. Es decir, el cambio climático puede romper la inercia histórica de las vacaciones y que haya gente dispuesta a tenerlas fuera del verano. También es verdad que, si hablamos de fenómenos climáticos extremos, como pueden ser las olas de calor, de frío o lluvias torrenciales, estos pueden provocar en algunos casos un retroceso de la actividad turística. No podemos olvidar que el turismo es muy sensible a ese tipo de fenómenos.
Hay que tener en cuenta que hay muchos agentes externos que no dependen de la hostelería. Pero desde dentro se pueden hacer cosas porque, a la vez que te adaptas, estás ayudando a mitigar la crisis climática. Por ejemplo, usando energías renovables se contribuye a reducir el impacto. También con la gestión del agua o de los desperdicios. Minimizar la huella al máximo ayuda. Si se tiene control sobre ello, la mitigación y la adaptación van de la mano. Pero para ello se necesita inversión.
El mensaje que se envía al sector es que se tiene que poner las pilas en cuestión de adaptación climática. Lo que nos dice es que la hostelería puede contribuir claramente a la mitigación del cambio climático. Poner ejemplo de buenas prácticas es la vía para que el resto de implicados actúen ante este tipo de cuestiones. En ese sentido, la universidad tiene que aportar no solo diagnósticos, sino también soluciones concretas.
Sí, sobre todo ante otros competidores que no tienen ese factor positivo. De hecho, el turismo tiene una imagen negativa desde el punto de vista medioambiental, por lo que cambiarla en el contexto español y dar ejemplo es una forma de atraer turistas. Siempre insistiendo en que hablamos de todo tipo de turismo: los que tienen que ver con el punto de vista experimental, los gastronómicos, etc. En todo ese tipo de actividades, si marcas diferencia, vas a encontrar público. Además, normalmente, uno con un nivel de ingresos mayor: uno que prefiere ir a hacer turismo a un lugar que le garantice unos indicadores de sostenibilidad.
Introducir sistemas indicadores o una consultoría ambiental de la huella de carbono son grandes medidas para mitigar el cambio climático. Sobre todo, yo insisto en la idea de gestión de residuos, aguas y eficiencia energética. Y si voy más allá, el plantar especies en los jardines más proclives al clima en el que están. Algo que en el pasado no se ha tenido mucho en cuenta.
Aunque no tengo datos objetivos, sí que quiero pensar que está influyendo. Debería serlo si esa sostenibilidad es un criterio de consumo de gastronomía más responsable. Quizá el hecho de que haya cada vez más demanda podría de alguna forma decir que sí, que es un criterio a tener en cuenta.
Mucho, ya que te marca cuestiones que antes podíamos sospechar, pero de las que ahora sabemos con seguridad. Por ejemplo, a día de hoy la digitalización ofrece datos para saber en qué momentos el consumo de agua se dispara sin que haya ningún motivo aparente y, por lo tanto, tener herramientas para reducirlo en esos momentos concretos. Algo que sucede igual con el resto de las tecnologías: ahora puedes saber cada punto para mejorarlo. Algo que no ayuda únicamente a luchar contra el cambio climático, sino también en el terreno económico. Además, creo que esta es la mejor forma para convencer a un hostelero de que aplique cambios. Digo esto siendo consciente de lo difícil que es y entendiendo las capacidades de cada uno. Por ello, creo que hay que vincular lo ambiental a lo económico: a medio o largo plazo, lo que es rentable ambientalmente lo es también económicamente.
Lo primero en lo que quiero incidir es que no hay que demonizar la actividad turística. Aparte de ello, cuanto mejor sea la adaptación al clima del turismo, mejor irá económicamente. Por ello, creo que la mejor relación es la que busca el equilibrio entre esos tres aspectos. Evidentemente la actividad turística tiene una huella importante de carbono, por lo que tiene que demostrar que sabe adaptarse y romper ese estigma en la sociedad. España depende de tener un buen clima para tener una buena actividad turística, por lo que para que funcione uno tiene que hacerlo el otro, y al revés.
Deberíamos poner a la defensa del medio ambiente en el centro. También la adaptación de la que he hablado antes. Y, por supuesto, intentar ahorrar agua, energía y residuos. Esos serán los cambios fundamentales.