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19/08/2026

Restaurantes que son refugio

Olas de calor y fenómenos extremos están transformando terrazas, salas y formas de trabajar en la hostelería para responder a una nueva realidad climática.

Impacto consciente

Inma Mora Sánchez

Restaurantes Refugio

No hace muchos años, hablar del tiempo en un bar era poco más que una forma de entablar conversación. Hoy es, además, una cuestión de gestión operativa. La normativa de prevención de riesgos laborales ya obliga a las empresas a adoptar medidas frente a fenómenos meteorológicos adversos y temperaturas extremas cuando puedan afectar a la seguridad de las personas trabajadoras. En el caso de la hostelería, la actualización del VI Acuerdo Laboral de ámbito Estatal para la Hostelería (ALEH), firmado en abril, incorpora también medidas específicas para hacer frente a estos riesgos. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la temperatura media ha aumentado 1,75 °C desde 1961, y 2025 se sitúa entre los años más cálidos registrados. Ante este escenario, cada vez son más los bares, cafeterías y restaurantes que están adaptando sus espacios para garantizar el bienestar de plantilla y clientela, anticipándose incluso a las exigencias normativas. La adaptación pasa por distintos frentes: desde la climatización y el diseño de los edificios hasta la eficiencia energética, los horarios y las propuestas gastronómicas.

Pensando en el bienestar 

Bálamo, restaurante de Alcorcón diseñado desde su origen con criterios de eficiencia energética y bienestar, es un ejemplo de refugio climático: «Desde el inicio, quisimos que Bálamo fuera mucho más que un restaurante. Queríamos crear un edificio pensado para el bienestar de las personas y para reducir su impacto ambiental», explica Óscar García. Ese compromiso se refleja en la propia arquitectura del espacio. El restaurante cuenta con un jardín vertical de 14.525 plantas distribuidas en 350 metros cuadrados, que se ha convertido en uno de sus elementos más reconocibles y que, según Óscar García, «ayuda a mejorar el aislamiento térmico y la calidad del ambiente». A esto se suman iluminación LED de bajo consumo, equipos de climatización de alta eficiencia y sistemas de gestión energética que optimizan el consumo según la ocupación y las necesidades reales del local. En el día a día, estas medidas se traducen en «un espacio con una temperatura más estable y confortable para clientes y trabajadores, una mejor calidad del aire y un consumo energético más racional», apunta García. «La adaptación ya forma parte de la gestión diaria del restaurante», afirma.

«El futuro de la hostelería pasa por combinar excelencia gastronómica, bienestar para las personas y responsabilidad medioambiental»

El jardín vertical de Bálamo
El jardín vertical de Bálamo

Pero la adaptación de la hostelería al nuevo clima no solo afecta a los espacios físicos, las altas temperaturas también se reflejan en los hábitos de consumo. «Observamos una mayor demanda de platos más frescos y ligeros durante los meses de verano, así como un cambio en algunos hábitos. Por ejemplo, los clientes prefieren acudir en horarios menos calurosos», afirma García.

Refugios en la ciudad

En León, el restaurante y cafetería del complejo deportivo y de ocio Olímpico de León, parte del grupo Paso Honroso, también ha incorporado distintas medidas para mejorar las condiciones térmicas de sus espacios. «Al tener un horario muy amplio, hemos tratado de economizar, manteniendo el confort dentro de cada espacio durante todo el día», explica Marcelino García Seijas, director comercial del grupo. «Por ejemplo, en la terraza acristalada hemos instalado un sistema de ventiladores que hacen circular el aire, lo que nos permite mantener una temperatura agradable en verano sin tener que usar climatización». Además, el establecimiento ha incorporado iluminación LED, sistemas de detección de presencia y una gestión del consumo adaptada a las necesidades del local. Dada la dimensión de sus instalaciones, también han ampliado la capacidad de las placas solares y han reducido el número de puertas de acceso para evitar pérdidas de calor en invierno. «Son pequeños gestos que ayudan a ahorrar sin que esto perjudique al servicio al cliente», señala Marcelino García.

Terraza Olimpico de León
Terraza de Olímpico de León

Además, la crisis climática ya lleva tiempo notándose en las cocinas y en la planificación de los menús. Los fenómenos meteorológicos extremos, desde olas de calor hasta sequías o inundaciones, ya están afectando a la disponibilidad y los precios de los alimentos. Estos cambios obligan al sector a prestar más atención a la temporalidad de los productos y a trabajar con cartas más flexibles ante un escenario menos previsible.

Eficiencia energética para una nueva realidad climática

Además de reducir el impacto ambiental, la eficiencia energética se ha convertido en una vía para mejorar la estabilidad económica de los establecimientos. Según el informe del Observatorio de Acción Climática del Sector Hostelero 2025, seis de cada diez establecimientos que han aplicado medidas de eficiencia han logrado reducir su huella de carbono, con una disminución media del 20% en un año. Al mismo tiempo, estas mejoras suponen un ahorro: por cada euro invertido en eficiencia energética, el retorno medio es de 1,86 euros a lo largo de la vida útil de los equipos. Uno de los retos más complejos para la hostelería es la calefacción de terrazas durante los meses fríos. Durante años, la estufa de gas fue el recurso más extendido para alargar la temporada de terrazas. Sin embargo, su huella de carbono y su menor eficiencia energética (gran parte del calor que genera se pierde en el exterior) han llevado al sector a buscar alternativas más eficientes. En paralelo, algunas administraciones han empezado a regular su uso. En Barcelona, por ejemplo, está prohibida la instalación de estufas de combustión de gas en terrazas desde 2025. 

 

«La ayuda del bono climático nos permitió acelerar una inversión que ya estaba dentro de nuestra estrategia de modernización»

Tanto Bálamo como Olímpico de León han cambiado sus sistemas de calefacción exterior por alternativas eléctricas. «La ayuda del bono climático nos permitió acelerar una inversión que ya estaba dentro de nuestra estrategia de modernización. Sustituimos sistemas menos eficientes por estufas eléctricas de última generación, con un mayor control del consumo», explica Óscar García. Por su parte, Olímpico de León ha sustituido sus estufas de propano por cuatro estufas eléctricas. «Además del ahorro, porque el coste de la electricidad es más bajo que el del propano y porque, al disponer de placas solares, podemos aprovechar esa energía durante las horas diurnas, las estufas eléctricas nos han aportado una mejora en la calidad del trabajo. Nuestros camareros ya no tienen que mover ni colocar las bombonas, y también hemos eliminado los inconvenientes con clientes que las desplazaban sin control para acercarlas a su mesa», explica Marcelino García Seijas.

Por y para las personas

«El futuro de la hostelería pasa por combinar excelencia gastronómica, bienestar para las personas y responsabilidad medioambiental», resume Óscar García. Para él, la sostenibilidad es una cuestión ética, pero también un factor de calidad. «Aunque un cliente no pregunte expresamente por las medidas de sostenibilidad, sí percibe el resultado: un espacio agradable, bien climatizado, con buena calidad ambiental y en el que se siente cómodo durante toda la experiencia». Marcelino García Seijas cree que todavía queda camino por recorrer en la sensibilización de la sociedad. «Debemos invertir por conciencia y por ahorro, pero todavía nos falta conciencia colectiva de que podemos hacer un poco más y apoyar a las empresas que invierten en estas mejoras», afirma. Ninguna de estas medidas por sí sola transforma el sector, pero juntas están redefiniendo una hostelería capaz de responder ante un escenario cambiante. Los restaurantes comprometidos deben ser espacios preparados para cuidar de las personas y afrontar condiciones climáticas cada vez más cambiantes.

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