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Comer entre obras de arte
Museos y restaurantes dialogan en una experiencia cultural completa, donde arte, cocina, territorio y sostenibilidad se encuentran más allá de las salas de exposición.
10/06/2026
Entre piedra, memoria y producto local, este hotel restaurante demuestra que la hospitalidad también puede ser una forma de cuidar el territorio.
Impacto consciente
Laura Cano Coca
En la plazuela de la Soledad se alza un edificio que forma parte de la memoria sentimental de Badajoz. Construido en 1899 por el industrial Luis Ramallo, nació como establecimiento comercial dedicado a la venta de artículos de lujo, entre ellos juguetes, que acabarían convirtiéndose en su seña de identidad. Un incendio en 1912 dañó gravemente el inmueble y obligó a acometer una primera restauración. De aquella intervención surgió el singular aire modernista que todavía hoy lo distingue y que lo fijó para siempre en el imaginario pacense. Tras el cierre de la histórica juguetería, el edificio permaneció años en desuso hasta que una nueva rehabilitación, realizada con cuidado y respeto por su valor patrimonial, le dio una segunda vida como hotel boutique «Las Tres Campanas» de 29 habitaciones y un restaurante, conservando su fachada original y buena parte de su identidad histórica.
En ciertos contextos, el cuidado del medio ambiente comienza en pequeñas decisiones que suponen un gran impacto. En el caso de Las Tres Campanas, el compromiso ambiental convive con la protección de la memoria urbana. Claudia Ramos, encargada del establecimiento, explica que la sostenibilidad formó parte del planteamiento desde el inicio: «Había un planteamiento previo, sobre todo porque es un edificio antiguo muy grande, con muchísima actividad diaria. Por ello, había que tener presente la acción climática en todos los niveles». La rehabilitación del edificio puede leerse desde esa mirada comprometida. Recuperar un inmueble con valor patrimonial permite conservar una fachada con una estética reconocible, pero también reactiva una pieza de la ciudad y evita que la historia quede congelada tras un escaparate cerrado.
Cuando un establecimiento articula de forma consciente su política de compras, decide qué productos entran en cocina pero también define qué tipo de relación quiere establecer con el territorio. Apostar por proveedores cercanos permite integrarse en un modelo más circular, favorecer a agricultores y ganaderos locales, generar empleo de proximidad y reforzar la trazabilidad de cada ingrediente. Para el cliente, esa transparencia se traduce en confianza y para el establecimiento, en una manera de diferenciarse desde la autenticidad. «Esta es una empresa familiar, por lo que todo se hace teniendo en cuenta primero lo que nos puede ofrecer nuestra localidad», afirma Ramos. Esa mirada local no responde únicamente a una cuestión logística o económica, sino también cultural, pues cocinar con productos del entorno es una forma de contar el lugar en el que uno se encuentra. En una ciudad como Badajoz, tan vinculada a la despensa extremeña y a una tradición gastronómica marcada por el producto, el plato puede convertirse en una extensión natural del viaje. Por eso, en cocina se priorizan las materias primas locales y de confianza.
La cercanía permite trabajar con ingredientes más frescos, adaptarse mejor a la temporada y reducir la dependencia de transportes largos o procesos de conservación innecesarios. El resultado se percibe en el sabor, pero también en el impacto ambiental, pues acortar distancias ayuda a reducir las emisiones asociadas al traslado de mercancías y favorece una economía alimentaria más conectada con su entorno. La elección de proveedores de proximidad tiene, además, un efecto que va más allá del comedor. Cada compra puede contribuir a sostener pequeñas explotaciones, oficios agroalimentarios y redes de producción que mantienen vivo el paisaje rural. «Tiendes a acudir a tus proveedores locales, porque al final economizas en varios aspectos, como en los portes por el transporte, al ser producto de cercanía. La materia prima de los productores locales es de gran calidad, por lo que no necesitas conseguirla de más lejos, ya que tendría menos que ver con los platos locales» afirma Ramos.
En un espacio donde conviven alojamiento, restauración, eventos y actividad diaria, cada decisión cuenta. En hostelería, donde el ritmo de trabajo es continuo y las necesidades operativas son elevadas, estos pequeños cambios pueden tener un impacto significativo cuando se aplican de forma transversal. Uno de los ámbitos prioritarios es el ahorro de agua, pues en todo el establecimiento se trabaja para ajustar consumos, desde la regulación del caudal en grifos y duchas hasta la optimización de los usos en cocina, limpieza y mantenimiento. La eficiencia hídrica, en este caso, no se entiende solo como una cuestión técnica, sino como una práctica diaria que implica a todo el equipo. «Tanto en cocina como en el hotel priorizamos el ahorro de agua, desde el caudal a la eficiencia en el uso» comenta Ramos.
Entre las acciones más visibles destaca la apuesta por una iluminación más eficiente. Habitaciones, pasillos, salas comunes y zonas de paso cuentan con sistemas zonificados, sensores de presencia y bombillas LED. Esta combinación permite reducir el consumo eléctrico sin renunciar al confort ni a la estética del edificio. De hecho, en un inmueble con tanta carga histórica, la luz también cumple una función narrativa, pues ayuda a realzar detalles arquitectónicos, crear atmósferas y acompañar la experiencia del huésped. «Las luces de las habitaciones, los pasillos del hotel, las luces continuas y diarias de las salas o de las zonas donde la gente pasa más tiempo, como el restaurante, están todas zonificadas, activadas por sensores y usamos bombillas LED, lo que nos está dando buenísimos resultados tanto en ahorro como en decoración», señala Ramos. La sostenibilidad aparece así vinculada al cuidado del patrimonio, donde ese equilibrio entre conservación, eficiencia y hospitalidad se construye una forma de turismo más consciente, capaz de mirar al pasado sin dejar de pensar en el futuro. «Existe un cliente muy sensible con los temas medioambientales, principalmente notamos esa preocupación en lo referente al ahorro de recursos en el hotel» por lo que, la implementación de acciones a favor del medio ambiente no es cosa del pasado, sino que está muy presente.