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Biomímesis y hostelería: el arte de copiar a la naturaleza
Observar a la naturaleza como maestra significa una fuente de ideas para cocinar, diseñar y gestionar con más eficiencia.
27/05/2026
La voz de los chefs impulsa una nueva cocina más consciente del producto, del territorio, del desperdicio y del impacto que deja cada plato.
Líderes del cambio
Rafael Hernández
Hubo un tiempo en que a los chefs se les preguntaba casi exclusivamente por la inspiración, la técnica o la creatividad. En la actualidad, cada vez más, temas como el desperdicio, la relación con los productores locales o la huella que deja un menú pasan a ser cuestiones que habitan en las cocinas de grandes y pequeños establecimientos. La acción climática en el sector de la hostelería y la gastronomía empieza con decisiones pequeñas pero que producen un gran impacto, y son los profesionales del sector quienes ponen el foco en un tema tan importante como el cuidado del planeta. La voz de los chefs ayuda a entender cómo el compromiso ambiental puede traducirse en gestos concretos y eficaces.
Susi Díaz lleva años defendiendo una cocina ligada al territorio, al producto de temporada y a una mirada sensible hacia el entorno. Desde esa perspectiva, su mensaje no suena a lema sino a una forma de trabajar. El respeto por el entorno nace de una convicción personal que acaba reflejándose en la elección de proveedores, en el respeto por el producto y en una gestión más consciente de la cocina.
Rubén Iborra ha construido buena parte de su cocina sobre la relación entre territorio, materia prima y sentido común. El paisaje no es un decorado, sino una despensa viva, y trabajar con ella implica escuchar sus ritmos y aceptar sus límites. Cocinar con lo cercano, en su caso, no responde solo a una cuestión ambiental, sino también a una forma más coherente de entender el oficio. Apoyar a los productores del entorno, reducir distancias innecesarias y dejar que cada temporada marque el pulso del menú es parte de su filosofía.
Dani Ochoa entiende la relación con los productores locales como algo que va más allá del suministro. En su cocina, el vínculo con quienes cultivan, crían o elaboran el producto permite construir una red de confianza, apoyar la economía del entorno y participar en la evolución de pequeños proyectos ligados al territorio. Esa cercanía se traduce en calidad y frescura, pero también convierte al restaurante en un agente activo dentro de su comunidad.
Vicky Sevilla observa el cambio climático desde un lugar muy concreto, la despensa. La alteración de las temporadas, la irregularidad de algunos productos o la pérdida de previsibilidad en el campo y el mar hacen que la crisis climática deje de ser una idea abstracta para convertirse en una realidad diaria en la cocina. Para un chef, tomar conciencia empieza muchas veces al comprobar que aquello con lo que trabaja también está cambiando.
César Anca defiende que cocinar de forma más responsable no limita el trabajo del chef, sino que puede abrir nuevas posibilidades. Aprovechar mejor un producto, adaptarse a la temporada o repensar recursos obliga a mirar la cocina con otros ojos. En ese ejercicio, el respeto por el entorno deja de ser una restricción para convertirse en un estímulo creativo.
Para Diego Herrero, la acción climática empieza antes de que el producto llegue al plato y continúa mucho después del servicio. La cocina forma parte de un engranaje más amplio en el que importan la gestión de compras, el consumo energético, el aprovechamiento de recursos, la organización interna y la relación con el entorno. Su mirada invita a entender el restaurante como un ecosistema donde cada decisión cuenta.
Joan Roca plantea que la cocina puede ser placer y, al mismo tiempo, un ejercicio de conciencia. Su visión aleja la sostenibilidad de cualquier lectura restrictiva o moralizante y la acerca a un territorio mucho más poderoso: el del disfrute. Un plato puede emocionar, sorprender y resultar profundamente hedonista mientras transmite una forma más responsable de relacionarnos con el producto y el territorio. En su caso, el mensaje no sustituye a la experiencia gastronómica, sino que la enriquece pues invita a pensar sin dejar de disfrutar.